Graciela Urriaga: una vida dedicada a la docencia

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Dialogamos con Graciela Urriaga en el Día del Maestro y recorrimos su extensa trayectoria en la educación.

En el marco del Día del Maestro, FM de la Ciudad 99.5 dialogó con Graciela Urriaga, docente jubilada y muy ligada a la historia de la Escuela Primaria N° 1 de Tornquist. A sus 82 años, recordó sus comienzos, su paso por diferentes instituciones, su tarea como directora e inspectora y una tradición familiar vinculada a la enseñanza que atravesó cuatro generaciones.

“Me recibí a los 17, empecé a trabajar a los 18 y ahora tengo 82. Toda una vida”, resumió al comenzar la entrevista. Hace 32 años que está jubilada, pero conserva intactos los recuerdos de una profesión que marcó gran parte de su historia.

Cuatro generaciones dedicadas a enseñar

Al hablar de los motivos que la llevaron a elegir la docencia, Urriaga encontró una explicación en su propia familia; “Creo que por herencia. Nosotros acá en Tornquist somos los únicos que tenemos cuatro generaciones docentes, porque mi abuela fue maestra, mamá fue maestra, yo fui maestra y Virginia fue maestra”, contó.

En aquellos años, las posibilidades para continuar estudiando eran muy diferentes a las actuales. Graciela cursó hasta tercer año en el Colegio Nacional de Tornquist y luego debió trasladarse a Bahía Blanca; “Acá teníamos el ciclo básico nada más. Después fui a María Auxiliadora, hice cuarto y quinto año y ahí me recibí”, recordó.

Sus primeros pasos como maestra

Su primera experiencia laboral fue en la Escuela N° 10 de Estancia Chica, donde realizó una suplencia. Con el paso de los años desarrolló una extensa carrera que la llevó por diferentes funciones e instituciones.

Trabajó en la Escuela N° 1 como maestra de grado, vinculada también al área de Psicología, y realizó una suplencia en la escuela de adultos. Posteriormente fue nombrada titular en la Escuela N° 6 de Sierra de la Ventana.

Ese destino implicaba un importante esfuerzo cotidiano, ya que en ese momento no contaba con vehículo propio; “Viajaba todos los días. Me iba en el colectivo a las ocho de la mañana y volvía a las seis de la tarde”, relató.

También se desempeñó en el Centro de Investigación Educativa (CIE), donde trabajó como bibliotecaria y compartió tareas con Graciela Fidani.

De la dirección de la Escuela N° 1 a la inspección

Uno de los momentos importantes de su carrera llegó con el concurso para cargos directivos. Urriaga se presentó, lo ganó y asumió como directora de la Escuela N° 1, que en ese momento era un establecimiento de segunda categoría: “Logramos que después fuera de primera. Esas categorías son de acuerdo a la cantidad de alumnos que tenés, o sea que la escuela había progresado mucho”, destacó.

Antes había realizado junto a su hermana Elisa el curso a distancia de bibliotecario escolar. Si bien obtuvo el título, no llegó a ejercer específicamente esa función porque ya se encontraba desempeñándose como directora.

Más adelante volvió a concursar, esta vez para desempeñarse como inspectora. Durante un período tuvo a su cargo también la supervisión de bibliotecas escolares y posteriormente llegó a Pigüé como inspectora de escuelas primarias; “La verdad que fue una experiencia muy especial, porque era un lugar donde yo no conocía a nadie y tuve un recibimiento muy lindo”, recordó.

Al cumplir 50 años decidió iniciar su jubilación. La determinación no estuvo relacionada con una falta de entusiasmo por la tarea, sino principalmente con el desgaste que significaban los viajes diarios: “No era porque no pudiera seguir trabajando. Seguía viajando a Pigüé, pero uno ya es más grande y viajar sola todos los días era un cansancio especial. Me gustó mucho la función”, explicó.

“La Escuela N° 1 es mi segunda casa”

Buena parte de los recuerdos de Urriaga están ligados a la Escuela N° 1, institución en la que no solamente trabajó, sino por la que también pasó su familia; “Es mi segunda casa, porque yo tuve toda mi familia ahí adentro. Los chicos fueron también a esa escuela. Es una cosa muy especial para nosotros”, expresó.

Entre las personas con las que compartió aquella etapa recordó a Beatriz y a Beba, a quien eligió como secretaria cuando la organización institucional permitió que el director designara a quien ocuparía esa función.

Para Graciela, uno de los aspectos más importantes que deja una escuela es el sentido de pertenencia: “Te hablan de la Escuela 1 y vos sabés qué palabras podés decir porque lo sentís”, afirmó.

Al analizar los cambios que atravesó la profesión, consideró que las condiciones económicas también modificaron ese vínculo, debido a que muchos docentes deben desempeñarse actualmente en dos o tres cargos.

Una historia familiar dentro de la Escuela N° 1

El vínculo de su familia con la educación de Tornquist se remonta a su abuela, María Idolia Adorni de Moro, quien llegó a la localidad en 1921.

Según recordó Urriaga, fue la primera maestra de sexto grado de Tornquist. Incluso alumnos de Dufaur viajaban en tren para poder completar sus estudios en la localidad; “Los chicos de Dufaur venían en el tren y se volvían en el tren para poder cursar”, relató.

La historia quedó también reflejada en el propio edificio escolar. Graciela recordó que una de las aulas fue construida especialmente para que su abuela pudiera dictar sexto grado.

El cariño de sus antiguos alumnos continuó mucho después de aquella etapa. “La abuela recibía regalos para el Día del Maestro de sus alumnos hasta que nosotros nos acordamos”, contó entre risas.

Los docentes que dejaron su marca

Al repasar su propia etapa como alumna, Urriaga recordó a las maestras que la acompañaron durante la primaria: Teresita Carancini, Adela Apaolaza, Nelly Ferrandi y las hermanas Grossoni, entre otras.

Sin embargo, mencionó especialmente a Raquel Grassi, su maestra de sexto grado; “Cada una tuvo su marca. A todas las recuerdo con mucho cariño, pero Raquel Grassi, tal vez porque uno ya estaba entrando en otra etapa, fue la que un poco nos marcó a todos”, expresó.

Esos recuerdos, sostuvo, forman parte de una educación y de una época que fueron transformándose profundamente con el paso de las décadas.

Los cambios en la educación

Con más de seis décadas transcurridas desde sus primeros pasos como docente, Urriaga observó importantes transformaciones tanto dentro como fuera de las aulas.

Entre ellas mencionó la incorporación de la tecnología y particularmente del teléfono celular, al que reconoció como una herramienta útil, aunque advirtió sobre su utilización excesiva; “El celular es algo ideal, necesario, práctico, pero se está sobrepasando”, consideró.

También recordó cómo cambió la organización de las familias. Cuando comenzó a formar la suya, las tareas domésticas y el cuidado de los hijos recaían mayoritariamente sobre las mujeres, algo que identificó como una característica general de aquella época.

Un deseo en el Día del Maestro

Sobre el final de la entrevista, Graciela volvió al lugar que atravesó buena parte de su vida y dejó un deseo para las nuevas generaciones de estudiantes, docentes y familias; “La escuela es mi segunda casa, así que lo que quisiera o desearía sería que para muchos fuera una segunda casa, tanto para los chicos como para los docentes y para los padres también”, expresó.

Además, destacó la importancia de que las familias acompañen la trayectoria escolar de los niños, participando de sus actividades y estando presentes en momentos significativos.

En este Día del Maestro, Urriaga aseguró que no hacen falta grandes reconocimientos para mantener vivo el vínculo construido durante tantos años; “No es necesario el regalo. Solo con el hecho de que te saluden y te recuerden es fundamental. Es importante para uno”, afirmó.

Finalmente, hizo extensivo el saludo a quienes compartieron y continúan compartiendo su vocación: “Felicitaciones a todas las docentes, tanto jubiladas como docentes en ejercicio”.